¡Viva el señor de Carácuaro!

¡Viva el señor de Carácuaro!

Redaccion: María Ruth Morales Murillo

Carácuaro se viste de gala estos últimos días de febrero y primeros días de marzo al dar comienzo con una de las mayores festividades que celebran allí, la Fiesta de Ceniza. Esta fiesta suele comenzar unos días antes del miércoles de ceniza, y desde distintas partes de Michoacán y Guerrero principalmente de la zona de tierra caliente, así como de distintos puntos de la república, van llegando miles de personas para visitar al milagroso cristo de Carácuaro, esta bella tradición lleva cientos de años celebrándose, se cree que quien primero la celebró fue el cura José María Morelos y Pavón desde 1799, tiempo en que llegó a hacerse cargo de la parroquia.

Del baúl de los recuerdos

            De las variadas versiones que existen en torno al origen de este cristo hecho de pasta de caña de maíz mejor conocido como el “Cristo Negro de Carácuaro” esta la que hace referencia a Fray Juan Bautista de Moya quien lo trajera a México con rumbo a un pueblito apartado en el Estado de México, en el siglo XVI, mas como nunca llego a su primer destino, termino quedándose el crucifijo en Carácuaro.

Una fe iluminada por el sol

      Los grupos de peregrinos fieles a su Fe, familias completas que se desplazan de su lugar de origen para poder ver al cristo, comienzan su travesía desde Tacámbaro y hay quienes van en carro, a caballo, en bicicleta o a pie, bajo el ardiente sol, a lo largo de la carretera que lleva a Carácuaro algunas personas llevan cruces,  con el Cristo Negro, al hombro y  algunos otros  llevan unos crucifijos de hasta 7 kilos de peso en la espalda, de estos peregrinos que llevan a cuestas su propia cruz, algunos optan por proteger su cruz con mantas blancas hasta que llegan al templo agustino en donde les espera augusto y solemne el Señor de Carácuaro, para recibir sus oraciones de agradecimiento y peticiones, así como las múltiples danzas que se le dedican entre las que están las provenientes de Santa Clara y Pátzcuaro. A lo largo de la celebración se ofrecen varias misas y hay una misa en especial que se celebra en purépecha por todos aquellos visitantes de origen tarasco que llegan también a visitar al cristo.     

Entonces al llegar al templo después de largas horas de pesado camino bajo el calor abrazador de la tierra caliente, el ver al cristo milagroso esperando en el altar a cada uno de sus hijos hace que todo lo que pasaron para poder llegar ahí haya valido la pena, pues no fueron en vano  todas las oraciones y las gotas de sudor derramadas.

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